A falta de pocos días para que comience nuestra Semana Santa, les mostrábamos el otro día como todo iba tomando forma. Pues el pasado fin de semana vivimos la jornada del Domingo de Pasión, que servía para constatar esa metamorfosis de nuestra ciudad. Una Sevilla que, como cada año cuando llega la primavera, se convierte en el Jerusalén sevillano, a nuestra forma y avisados por supuesto por el azahar floreciente en los naranjos de las perfumadas calles.
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